Guía de Metal Gear Solid

El principal aliado con el que contó Solid para esta particular batalla entre contenedores fue el radar. Gracias a él pudo saber en todo momento la situación de Vulcan Raven y, lo que es más importante, hacia qué lado estaba apuntando el cañón de su descomunal ametralladora. Raven, tanto por su propia naturaleza como por su arma, era un tipo bastante lento, y no supuso un problema para Snake el escapar de su ángulo de tiro… aunque hubo un par de ocasiones en que fue sorprendido de lleno y pudo escapar de milagro ante el infierno de balas que se le venía encima. En medio de la mutua persecución, Solid pudo recoger del suelo algunos ítems de utilidad (otro estaban situados en lo alto de los contenedores y sólo fueron accesibles tras ser destruidos éstos por Vulcan Raven), pero las bajas temperaturas actuaron en muchos casos en su contra (la raciones se congelaron y durante unos instantes le fue imposible recuperar energía). El arma más efectiva para acabar con Vulcan Raven eran sin duda los misiles Stinger (aun así para fulminarle se necesitaba una cantidad de misiles parecida a la utilizada para derribar el Hind-D de Liquid Snake). Solid tan sólo debía buscar la espalda de Vulcan (cosa fácil, gracias al radar) y soltarle un misil mientras el enorme shamán disparaba a troche y moche en la otra dirección. Los misiles Nikita también se mostraron bastante efectivos, aunque al ser más lentos en impactar que los Stinger, Vulcan Raven pudo detectarlos y neutralizarlos con la ametralladora en más de una ocasión. Cuando estuvo corto de ambos misiles, también pudo echar mano del C-4, las granadas o incluso las minas antipersonales, pero se convirtió en una tarea mucho más engorrosa y sobre todo peligrosa. A medida que su energía decrecía, la velocidad de Vulcan Raven era mayor, y por lo tanto más rápidos y precisos debían ser los movimientos de Solid para escapar de su alcance. Con todo, era inevitable que al final cayera bajo el peso de los Stinger.

Moribundo y rodeado de sus amados cuervos, Raven dio a Solid su llave de nivel 7 y la solución al enigma que venía royéndole el cerebro desde hacía unas horas. Tal y como había sospechado Solid Snake, el cadáver que vio en la celda, entre una tortura y otra, era el de Anderson, muerto desde hacía varios días. Aquél que encontró al inicio de su aventura, aquél que vio morir de un paro cardiaco delante de sus narices era Decoy Octopus, el maestro de la caracterización. Como en sus anteriores trabajos, Decoy extrajo la sangre del cuerpo de Anderson y la introdujo en el suyo, para que el parecido fuera total… aunque eso significara al final su propia muerte. Poco más pudo decir Vulcan Raven. Los cuervos no dejaron nada de su cuerpo. Tan sólo quedó su ametralladora. La llamada de Master Miller por el Codec aportó toda la luz sobre el otro gran misterio: la doctora Naomi Hunter. O más bien, sobre aquella que se hacía llamar Naomi Hunter (la verdadera desapareció en algún lugar del Oriente Medio). Las sospechas sobre una supuesta espía parecían ser ciertas. Confundido y sin confiar ya en nadie, Snake regresó a la superficie, al lugar donde murió Sniper Wolf para encontrar lo que se ocultaba tras el almacén N-A2 (donde encontró abundantes cargas para el lanzamisiles Stinger). De vuelta a las profundidades, abandonó aquel infierno helado con ayuda de su reciente llave de nivel 7 para encontrarse con su destino, con Metal Gear Rex.


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