¿Cuál es la peor película basada en un videojuego?


Uno de las industrias del entretenimiento que tiene una relación más tirante con la de los videojuegos es, al menos a mi parecer, el cine. Por un lado, año tras año, luego de que un “tanque” cinematográfico hollywoodense se estrena, muy probablemente viene acompañado con un juego o una serie de juegos basados en dicha mega producción. Estos títulos, salvo contadísimas excepciones, suelen tener una calidad de regular para abajo.
Pero lo mismo sucede de manera opuesta. Cada vez más a menudo, algún productor oportunista de Hollywood, sin contar al inefable “director” alemán Uwe Boll, se hace con la licencia de un videojuego para llevar a la pantalla grande una película basada en un juego popular. A diferencia de los juegos basados en películas, en el caso inverso es casi imposible encontrar un film, al menos con actores de carne y hueso, que haya logrado recrear con excactitud al juego en el que, supuestamente está basado.
Siento repulsión por este tipo de películas. Cuando era más pequeño solía ir al cine entusiasmado con la ilusión de ver en la pantalla grande una completa recreación de mis juegos favoritos de ese entonces. Pero todo lo que conseguí fue una desilusión tras otra. Es por eso que tengo ganas de comenzar una nueva sección en Guiamanía, en la que enumeraré las peores y más horrorosas películas basadas en videojuegos.
Gran parte de la década de los noventa estuvo dominada por los juegos de lucha, más específicamente por Street Fighter y Mortal Kombat. Era tal la popularidad de ambos juegos que era cuestión de tiempo imaginarse que alguien haría un film con ellos. En 1994, protagonizado por el ícono de los films de acción del momento, Jean-Claude Van Damme, Street Fighter llegó a la pantalla grande. ¿El resultado? Un total y absoluto desastre.
Para empezar, acá no se cuenta una historia simple y directa, como sucede con los juegos de la saga, de un torneo de artes marciales que reúne a luchadores de todo el mundo. No, para nada. Aquí encontramos a un maléfico dictador, M. Vison (interpretado por el actor cubano Raúl Juliá), quien tiene un plan diabólico pero para desbaratar todo su operativo aparece un grupo de elite, encabezado por Guille, obviamente interpretado por Van Damme. De ahí en adelante todo es un absoluto caos. Está bien, guión de la película logra incluír a la mayoría de los personajes de Street Fighter, pero están metidos de una manera tan ríducula y arbitraria que nos terminan dando de la sensación que nada estuvo correctamente pensado. Por ejemplo, Chun-Li es una periodista China enviada a la zona de conflicto donde se desarrolla la película, quien por esas casualidades de la vida sabe artes marciales. Ah, y Balrog y Honda forman parte de su equipo de producción. Pero la cosa empeora aún más. Ryu y Ken, posiblemente los dos personajes más populares de la franquicia, interpretan los roles de dos luchadores por demás genéricos, cuya implicancia en el film es de mediana a pequeña importancia. Conclusión, si no vieron Street Fighter por favor no lo hagan. Ahora, si la vieron, bueno, mejor traten de olvidarlo


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    el 09.02.11

 

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